Blade Runner 2049

Blade Runner 2049 no estaba en mi lista de películas por ver. Primero, porque no soy nada fan de la ciencia ficción. Segundo, porque no me gustó la de 1982 que el programa de un curso de «Ciencia y Tecnología» me impuso hace ya algunos años. Sin embargo, el oscarizado Jared Leto fue motivo suficiente para plantearme darle una oportunidad a esta película, y lo cierto es que me encantó.

Pese a su duración (supera las dos horas y media) y el lento discurrir de algunas escenas, la trama está bien explicada y conectada con la primera parte, incluso si no la has visto o si, como yo, ya no la recuerdas. Si a esto le añadimos unos logrados efectos especiales, conseguimos mantenernos expectantes de principio a fin.

¿Hay mujeres en esta superproducción?

Sí. Tantas o incluso más que hombres. Y, lo que es más importante, representando personajes relevantes para la historia y sin encorsetar en estereotipos de género. Blade Runner 2049 resulta un soplo de aire fresco en una industria cinematográfica que tiende a olvidar que las mujeres existimos y que, además, trabajamos. Una industria que tiende a relegarnos a un segundo plano, dibujándonos como madres y amas de casa, amigas o esposas «de», o atribuyéndonos siempre las mismas profesiones (cuando no directamente obviándonos).

Blade Runner 2049 le da a sus tres actrices principales (Ana de Armas, Sylvia Hoeks y Robin Wright) poder y capacidad de decisión. Las une y las enfrenta, por negocios o creencias -que no por hombres-, de igual modo que las une o las enfrenta a los personajes masculinos.

Sin embargo, no todo son flores en el camino. ¿Cuál es el fallo? Que todas estas actrices, y las secundarias también, cumplen con los estándares de belleza de nuestra época, por lo que tampoco podemos hablar de una representación total de las mujeres.

Conclusiones

Las mujeres trabajamos en todos los sectores (cada vez equilibrando más las cifras donde hasta ahora los hombres eran mayoría, como en las profesiones científicas) y estamos igual de capacitadas para asumir puestos de responsabilidad. Como tal debemos estar representadas en el cine y en el resto de las artes, en vez de invisibilizadas o limitadas a papeles estereotipados de antagonistas malvadas o chicas trofeo a conquistar.

¿Esto significa que no se pueden hacer películas cuyo reparto sea exclusivamente masculino? Claro que no. De hecho ya se hacen. A puñados. Significa que si la película quiere ser realista, el reparto ha de ser representativo de la sociedad, y no estar sesgado en función de una serie de prejuicios que, además, contribuyen a mantener la discriminación. Es decir, el reparto ha de ser acorde a la historia que se cuenta. Pero significa también, que puedan hacerse películas en las que intervengan solamente actrices sin que sean catalogadas como películas para mujeres.

Aspectos psicosociales de la violencia de género

Los aspectos psicosociales de la violencia de género son esas características que tienden a presentar las mujeres que sufren este tipo de violencia como consecuencia de la misma. Esto no quiere decir que todas las mujeres que sufren o han sufrido violencia de género presenten todos estos síntomas, sino que muchos de ellos se encuentran en muchas de estas mujeres. Tal y como señala Eva María de la Peña desde Fundación Mujeres, dichas características son:

• Poseer una autoestima pendular (variable), miedo y estrés.
• Sufrir crisis de ansiedad, depresión, trastornos alimentarios y/o trastornos del sueño.
• Sentirse desmotivada e irritable.
• Encontrarse desorientada, bloqueada emocionalmente.
• Interiorizar el machismo y la dependencia del hombre.
• Culpabilizarse por lo ocurrido.
• Sentirse incapaz de resolver el problema.
• Dificultades en la toma de decisiones sobre la vida propia y la vida de pareja.
• Habitualmente se encuentran antecedentes parentales de violencia familiar.

Como podemos imaginar, todos estos factores inciden en la salud de la mujer que los padece, pero también se pueden ver afectadas sus relaciones interpersonales, familiares y laborales, porque la depresión, la ansiedad, el estrés… abarca todas las facetas de la vida.

Dadas las cifras de los casos de violencia de género y de feminicidios en todos los países del mundo, resulta fundamental trabajar desde la base -desde la educación de los niños- en la importancia de la igualdad de género y en la construcción de relaciones amorosas sanas y libres de estereotipos y tópicos propios del amor romántico que facilitan la adquisición de la idea de que el hombre es el dueño de la mujer, de que ésta le pertenece, de la legitimación de la violencia masculina como algo deseable y atractivo y del sometimiento femenino como otro tanto. Debemos educar para identificar las relaciones tóxicas y ponerles freno en las etapas tempranas, pero, sobre todo, debemos educar para que nadie sienta la necesidad de convertir su relación en una cárcel.

Referencias bibliográficas:
De la Peña, E.M. Fórmulas para la Igualdad nº5. Violencia de género. Proyecto Némesis. Iniciativa Comunitaria EQUAL. Mancomunidad de Municipios Valle del Guadiato. Consultado el 06 de junio de 2017 en http://www.fundacionmujeres.es/maletincoeducacion/formulas_tematicas.html.

¿Es realmente machista La Bella y la Bestia?

Aunque no suelo ser fan de las películas de Disney, hay casos en los que no estoy de acuerdo con las críticas que se hacen a las mismas. Uno de esos casos es Pocahontas (de la que hablaré en otra ocasión) y otro La Bella y la Bestia, que es el tema que me ocupa hoy.

Como muchos sabréis, la Bella y la Bestia es una película de dibujos animados de 1991 cuya trama podría resumirse así: un príncipe es transformado en monstruo y sólo conseguirá romper el hechizo si consigue que alguien se enamore de él.

A priori, la moraleja es buena: la belleza está en el interior; no debemos juzgar a las personas por su apariencia física sino por lo que son, por lo que guardan dentro; debemos tomarnos la molestia de conocer a alguien antes de juzgar, etc., etc. Un buen discurso para una sociedad desbordada de estereotipos y cánones de belleza surrealistas.

Sin embargo, siempre se le han criticado a esta película otros aspectos no tan positivos, a saber:

  • Que la protagonista sí cumple con los cánones de belleza, inclusive el nombre.
  • Que la Bestia la secuestra y la trata mal.
  • Que incluso así, ella se enamora de él, aludiendo algunas críticas al Síndrome de Estocolmo y otras a las relaciones tóxicas y de maltrato.

El otoño pasado, Disney anunciaba que esta película iba a llegar a los cines de todo el mundo en marzo de 2017, en una versión en carne y hueso protagonizada por Emma Watson y Dan Stevens.

No hablaré de la versión de dibujos, puesto que hace más de veinte años que la vi y no la recuerdo, aunque por lo que me han comentado personas que han visto ambas, esta versión reproduce bastante fielmente la anterior. Centrándome exclusivamente en la película con actores reales, en la película que está ahora mismo en los cines -que ya digo, puede variar con respecto a la original-, os daré mi opinión de por qué no es tan machista como se ha dicho:

  • Bella, al margen de su nombre, es una mujer inteligente, culta, apasionada de los libros, que rechaza al pretendiente que no desea y sueña con viajar, ver mundo y vivir aventuras.
  • No sólo no es la dama en apuros a la que el caballero no acude a salvar, sino que es ella la que no duda en acudir en auxilio de su padre, cambiarse por él para cumplir condena y liberarlo (¡ojo! con intención de escaparse, no con espíritu de mártir) o enfrentarse a todo un pueblo. Por todo esto me recordó mucho a Jane Eyre, cuya crítica literaria podéis leer aquí.
  • Si en la película (insisto, en la versión de 2017, no en la de dibujos) hay un personaje machista, ese es Gastón: macho prepotente que cree que lo único que necesita para casarse con una mujer es desearlo. Ejemplo de acosador típico, de hombre que no entiende el no por respuesta. A mí me parece una crítica, a la vez que reflejo de un ejército de hombres que todavía campan a sus anchas -en este aspecto no hemos avanzado mucho desde 1991- por doquier.
  • ¿Es machista la Bestia? Bueno, este es el quid de la cuestión. Si la Bestia hubiese secuestrado a Bella porque sí, por antojo o para abusar de ella por su condición de mujer, desde luego la respuesta sería afirmativa. Yo, que era desconocedora de la historia original, pero conocedora de las críticas, me sorprendí mucho cuando descubrí el motivo por el que Bella termina prisionera: un intercambio de presos. Es decir, la Bestia encarcela al padre de Bella, a quien había juzgado un ladrón en su casa, y Bella, mediante una estratagema, se cambia por él. ¿Machismo dónde? ¿Ha secuestrado la Bestia a Bella con intenciones oscuras? No. ¿Debería dejarla marchar por haberse cambiado por su padre? No. Si no dejó libre al padre, dejarla libre a ella por ser mujer, eso sí hubiese sido machista.
  • Aclarado el tema del secuestro, que no es tal (secuestro es el de la princesa cisne, por ejemplo), la siguiente pregunta sería, ¿es la relación entre ambos tóxica? ¿Es posible enamorarse de quien te mantiene cautiva? Pero es que esta pregunta pierde parte de su significado al recordar que ella no fue secuestrada, y que estaba cumpliendo voluntariamente la condena impuesta al padre. Cabe señalar -y aquí sí que creo que hay ciertas diferencias con la original- que la Bestia no especialmente bestia, sino más bien bobalicona y que en el cautiverio de Bella se implican todos los habitantes del castillo, pues todos están interesados en que la chica se quede.
  • Pasados unos días, él la deja libre. Aunque recordemos que ella ya se había escapado una vez y regresó por su propio pie, por lo que el cautiverio era más bien consensuado.
  • Y para terminar con mi argumentación, un apunte que no ha pasado desapercibido para países en los que han catalogado la película para mayores de 16 años, cuando no la han prohibido: Lefou, el compañero de Gastón, es en esta versión homosexual, e incluso en la escena final se entrevé una posible relación con otro personaje. Se rompe, por lo tanto, la visión heteronormativa de este cuento.

¿A vosotros qué os ha parecido? ¿Realmente consideráis machista esta versión cinematográfica? ¿Consideráis que hay una mejora con respecto a la original?

Analiza tus posibilidades profesionales

Ya hemos hablado de lo importante que es, a la hora de gestionar nuestra carrera profesional, saber primero quiénes somos -qué es lo que nos gusta, lo que nos apasiona, lo que se nos da especialmente bien- y conocer el mercado laboral en el que nos movemos o, lo que es lo mismo, las aplicaciones prácticas que puede tener nuestra vocación. ¿En qué tipo de trabajo remunerado podemos convertir lo que nos apasiona?

Una tercera tarea, que realmente podría realizarse a la par que la segunda, es la búsqueda de alternativas y su análisis. Mientras investigamos y conocemos el mercado laboral podemos ir realizando nuestra lluvia de ideas, nuestro brainstorming, sin ponernos ningún tipo de límites. Esto es fundamental. Cuando estamos comenzando a construir un sueño no podemos delimitarlo. El análisis de dificultades, las realidades que chocarán con él y lo harán más o menos difícil, las analizaremos después. Ahora simplemente estamos soñando.

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Entonces: en ese mar de profesiones que he descubierto, ¿cuál sería la mía? ¿En cuál me sentiría plenamente realizad@? Y por plenamente realizad@, al menos yo, entiendo aquella en la que madrugar para ir a trabajar no supone un esfuerzo; donde te diviertes haciendo cada fase del proyecto (puede que unas más que otras, desde luego) y no tienes la impresión de estar trabajando, sino de estar jugando, de estar dedicándole tiempo a tu hobby.

Bien, volvamos a empezar: ¿cuál sería tu trabajo ideal? Tal vez lo tengas claro o tal vez se te ocurran varias opciones y todavía no sepas con cual quedarte. En ese caso tendrás que recurrir al método de aprendizaje más empleado: ¡el ensayo y error! Sí, tendrás que probar y descartar hasta decidir. Lo que, en un momento u otro, hemos hecho la mayoría. Lo tengas claro o no, escríbelas. Redáctalas, dales forma. Pero como decía antes, hazlo sin límites. Ya nos encargaremos después de analizar hasta qué punto son sueños inverosímiles (y rara vez lo son, simplemente necesitarán una mayor planificación y estrategia, y seguramente tiempo, para lograrlos).

Cuando tengas tu idea o ideas sobre la mesa, piensa, ¿parecen inalcanzables? Si es así, es porque todavía te queda un largo camino por recorrer. Ha llegado el momento de dejar de ver esas ideas como sueños y transformarlas en metas. Ahora tenemos dos puntos: uno, en el que hay una meta a alcanzar (más o menos lejana) y otro en el que estás tú. La distancia en el medio puede parecer insalvable pero no lo es, sólo hay que llenarla mediante submetas, subproyectos, es decir, metas más pequeñas que, sí siendo alcanzables, nos vayan acercando poco a poco a la meta final. Vamos, lo que viene siendo el pasito a pasito.

Despedazar una gran meta en otras más pequeñas te va a permitir:

  • Organizarte mejor.
  • Establecer los pasos a seguir, fijando un orden coherente en el actuar.
  • Aumentar las posibilidades de éxito.
  • Aumentar la autoestima al alcanzar cada submeta, lo que te animará a seguir adelante hacia la meta final, evitando que tires la toalla.

Espero que todos estos consejos te sirvan en la búsqueda de tu sueño. Recuerda que, si lo estás intentando, ya estás más cerca ?

Eurovisión y las canciones de amor romántico

Se acerca Eurovisión y, si como yo, sois fans de ese maravilloso despliegue artístico, estaréis deseando conocer a los representantes de los países de esta edición del 2017. Mientras se conocen sus nombres y sus propuestas, he hecho un repaso por las canciones ganadoras desde el 2003 para analizar la temática tratada en las letras, y esto es lo que encontré:

  • El 50% de las canciones ganadoras hacían apología del amor romántico. No es de extrañar, teniendo en cuenta que en la industria musical el amor y el desamor son de los temas a los que más se recurre a la hora de componer.

Algunos ejemplos:

“Never leave me, and believe me, in my empty life you’ll be the only reason.” (My number one – Helena Paparizou. Grecia, 2005)

Nunca me dejes y créeme, en mi vida vacía tú serás la única razón.

“Like a satellite I’m in orbit all the way around you, and I would fall out into the night, can’t go a minute without your love.” (Satellite – Lena Meyer-Landrut. Alemania 2010)

Como un satélite, estoy en órbita a tu alrededor y caeré en la noche, no puedo estar un minuto sin tu amor.

Incluso Alexander Rybak (Noruega, 2009), a quien admiro profundamente, nos cantó esto en su aclamada Fairytale:

“I’m in love with a fairytale, even though it hurts. Cause I don’t care if I lose my mind, I’m already cursed.”

Estoy enamorado de un cuento de hadas, aunque duele. Porque no me importa si pierdo la cabeza, ya estoy maldito.

  • Sólo 2 canciones tocaron temas sociales:
  1. Rise like a Phoenix, de Conchita Wurst (Austria, 2014), que trataba sobre la opresión a la que el colectivo LGTB se ha visto sometida, y
  2. 1944, de Jamala (Ucrania, 2016), que abordaba la expulsión del pueblo tártaro de Crimea en el año 1944.
  • Hubo, no obstante, grandes canciones que abogaron por la motivación y la fortaleza, como Believe de Dima Bilan (Rusia, 2008) o Heroes de Mâns Zelmerlöw (Suecia, 2015).

Crucemos los dedos para que este año nos sorprendan con propuestas que canten más a la libertad, al amor sano y a la igualdad entre mujeres y hombres. Mientras, os dejo con la canción que el año pasado representó a Francia y que reúne todos los aspectos tratados en este blog: anima a perseguir los sueños y trata, de manera transversal y con total naturalidad, la segregación horizontal, invirtiendo los roles tradicionales de género en su videoclip. Espero que la disfrutéis tanto como yo.

Consejos para elaborar el videocurrículum

Aunque el videocurrículum es el gran desconocido en nuestro país, cada vez se ve más en ciertos sectores como el marketing, la comunicación audiovisual o las relaciones públicas. Así que, tanto si pertenecéis a ese pequeño grupo como si pertenecéis a un gremio profesional más tradicional, pero queréis innovar en vuestra búsqueda de empleo, aquí os dejo unos consejos básicos para afrontar este reto con éxito:

  1. Piensa QUÉ vas a decir: antes de ponerte a grabar es importante que sepas exactamente qué aspectos de tu currículum vas a destacar en el mensaje. Haz un guion. Ponlo por escrito y revísalo. El videocurrículum no consiste en leer el cv tradicional delante de la cámara, por lo que tendrás que sintetizarlo, destacando tus competencias, tu formación y tu experiencia profesional.
  1. Piensa CÓMO vas a decirlo: adapta el mensaje al destinatario del vídeo (si la persona a la que va dirigido conoce ampliamente tu área profesional puedes utilizar términos más específicos; si, por el contrario, crees que podría no conocerla, es mejor usar un lenguaje menos técnico).
  1. Sé creativo: la modalidad en vídeo te permite saltarte la formalidad más estricta de la versión en papel. Aquí puedes contar una historia, mostrar ejemplos de tu trabajo o hacerlo en directo si la profesión lo permite (por ejemplo, cantar, actuar, dibujar…), etc.

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  1. Mantén la atención: es de vital importancia que el vídeo no sea monótono ni aburrido, ya que no queremos que en el proceso de selección lo apaguen antes de llegar al final. Tampoco ha de ser excesivamente largo. Piensa que, si un cv se puede descartar en apenas unos segundos, con el vídeo puede pasar lo mismo. Así que tiene que tener gancho, pero, además, ser breve. Si puedes presentar tu candidatura en un minuto y medio, mejor que en dos.
  1. Cuida los aspectos técnicos: busca un lugar con buena luz (a poder ser natural) y libre de ruidos de personas, televisores o teléfonos. Cuida la imagen como si se tratase de una entrevista presencial, al igual que la comunicación verbal y no verbal (gestos, posturas, tono, etc.). ¡Todo será evaluado! Procura hablar con amabilidad y naturalidad, como si tu interlocutor realmente estuviese delante, de manera fluida y mirando a la cámara, evitando los silencios demasiado largos y las miradas perdidas (al techo o al suelo) síntomas de inseguridad y nerviosismo.
  1. Facilita tus datos de contacto: al despedirte no olvides aportar tus datos de contacto y, de nuevo, trata de hacerlo del modo más original posible. Añade también enlaces a páginas web o redes sociales que utilices de manera profesional.

 

Y ahora llegó el momento de hacer tomas hasta encontrar la que nos convenza y ¡enviarlo a la empresa de nuestros sueños!

Las agresiones sexuales

Los delitos contra la libertad sexual son aquellos que, como bien explican en la página del Instituto de la Mujer (www.inmujer.es), atentan contra la libertad de elección sexual de la persona o promueven la sexualidad cuando el sujeto es incapaz o no ha alcanzado la edad de consentimiento estipulada por ley (16 años en el caso de España).

Desde este organismo señalan también la diferencia entre agresión y abuso sexual, refiriendo que en el primer caso ha de producirse violencia o intimidación, mientras que en el segundo no existe violencia ni intimidación, pero tampoco consentimiento (piénsese, por ejemplo, en el uso de drogas que inhiben la voluntad de la víctima).

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en el 2007 en España se registraron 792 casos de agresión sexual y 803 de abuso sexual, lo que significa más de cuatro al día, además de 35 de acoso sexual y 234 de exhibicionismo y provocación sexual. Esos son los que se registraron. Pero todos sabemos que estos son delitos que muchas veces no se denuncian porque la víctima suele ser juzgada y criticada; criminalizada como si fuese ella la culpable de lo que le ha ocurrido, porque iba vestida de tal modo, porque caminaba sola de noche por tal sitio, o porque inicialmente había accedido a mantener relaciones con aquel chico para, después, echarse atrás. Ya no sé cuántos testimonios de víctimas de violación he leído en los que aseguran que el proceso judicial fue como una segunda agresión donde se vieron de nuevo expuestas y vilipendiadas, donde al agresor se le trató como inocente hasta que se demostrase lo contrario pero a ellas se las tachó de frescas e imprudentes, cuando no de mentirosas -también hasta que se demostrase lo contrario-, por no hablar de las críticas e incredulidades ante la ausencia de defensa de la víctima. Porque nuestra sociedad heteropatriarcal no concibe que una mujer no se defienda de un violador hasta la muerte; no entiende que una mujer se quede paralizada por el miedo ante una víctima superior en fuerza física o en número, que sopese sus posibilidades y decida –como otros animales que se hacen los muertos ante la presencia del enemigo- no enfrentarse para poder sobrevivir.

Imagino que estas denuncias por agresión sexual, cuando se producen dentro de la pareja y la víctima se decide a denunciar, pueden terminar englobadas dentro de violencia de género o violencia doméstica, aunque en muchos casos ni siquiera son detectadas como un abuso. Resumiendo, todos sabemos que hay una cifra negra, oculta, muy superior. Tan superior que espanta. Igual que sabemos que la mayoría de estas agresiones, pese al cliché, no se cometen en callejones oscuros por la noche a manos de desconocidos, sino por el entorno más cercano de la víctima (de ahí, también, que muchas veces no se llegue a denunciar).

Aunque se suele comentar que la violación es más una cuestión de violencia que de sexo, me gustaría recalcar que no necesariamente es así. Como en otros tipos de crímenes, la violación puede estar determinada por diferentes causas. Cierto es que hay un tipo de violador que lo que pretende es demostrar (o más bien demostrarse a sí mismo) su masculinidad, y para quien la comisión de este delito es una prueba de que puede forzar a la mujer que desee a mantener relaciones sexuales por la fuerza. Sin embargo, hay agresores que están motivados por el placer sexual que se deriva del acto, quienes incluso pueden llegar a cometerlo de manera improvisada, durante la realización de otro delito (por ejemplo, un robo), solo porque se les presenta la oportunidad.

Para finalizar, os dejo el maravilloso y terrible videoclip de la canción Til happens to you (Hasta que te suceda a ti) de Lady Gaga, donde la cantante denuncia la cantidad de agresiones sexuales que tienen lugar cada año en las universidades estadounidenses. Como muchos sabréis, ella fue violada a la edad de 19 años, hecho que confesó en 2014 durante un programa de radio. Podéis leer la noticia aquí.

Trabajo: ¿derecho o privilegio?

El trabajo está considerado uno de los Derechos Humanos a los que toda persona ha de tener acceso, sin embargo, en los últimos tiempos la coyuntura económica y social nos está brindando una perspectiva diferente. El aumento ininterrumpido de la población –que se estimó en 7400 millones de habitantes a finales del 2016- y los avances tecnológicos, están imposibilitando que toda la población activa pueda acceder a un empleo, sin entrar ya a valorar que se trate de un empleo que reúna las condiciones necesarias para catalogarlo como digno.

La revolución industrial inició el proceso de sustitución de la mano de obra humana por la maquinaria, la destrucción de empleos tradicionales y el surgimiento de otros nuevos, relacionados sobre todo con el diseño, creación y mantenimiento de dichas máquinas. Hoy en día, no obstante, el avance tecnológico es tal que la fabricación y el mantenimiento de las máquinas depende de otras máquinas o robots, quedando el ser humano relegado a unos pocos puestos de trabajo, por lo que el número de personal necesario para que una fábrica funcione se ha visto drásticamente reducido. Así pues, podríamos afirmar que la industrialización destruye muchos más puestos de los que crea, por lo que genera un excedente de trabajadores que, añadido al aumento de población, resulta imposible de reubicar en el mercado laboral actual.

Ante este panorama cabe preguntarse, ¿trabajar sigue siendo un derecho? Más bien parece que se haya convertido en un lujo al que sólo unos pocos privilegiados pueden acceder y donde lo verdaderamente importante es tener un empleo, sin entrar a valorar las características o la calidad del mismo. Si a mayores resulta que el trabajo nos gusta, estaremos ante un añadido de valor incalculable. Ahora bien, ¿quiénes son esos privilegiados que podrán trabajar? ¿Sigue la formación siendo garantía de empleo? A diario escuchamos que los universitarios también sufren la crisis, están en la cola del paro y son explotados como becarios con contratos basura, quedándoles casi como única opción la emigración. Que estudiar ya no sirve.  La realidad es que sólo una cosa sirve hoy en día, estudiemos o no, y es: diferenciarse.

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La cantidad de trabajo que nuestra sociedad necesita es inferior a la cantidad de trabajadores de los que dispone, por lo que siempre contará con una parte de los mismos en situación de desempleo y/o de búsqueda del mismo. De hecho, los expertos en recursos humanos y orientación profesional ya hablan de ciclos por los que las nuevas generaciones van a pasar constantemente (ahora que el trabajo fijo está casi extinguido) y donde la búsqueda de nuevas oportunidades será una constante que se repetirá varias veces a lo largo de la vida. En este contexto necesitamos buscar nuevas alternativas de empleo. La más obvia es nadar a favor de la corriente y adaptarse a los cambios que están ocurriendo a nuestro alrededor: abrazar las nuevas profesiones que emergen y convertirse en los pioneros de esas ramas. Hoy existen profesiones que hace diez años ni siquiera imaginábamos y cada año irán surgiendo otras diferentes, sobre todo en los ámbitos de las ciencias, las tecnologías y las comunicaciones. Aprovechemos esas oportunidades. Formémonos. Hagámonos expertos y resultemos imprescindibles para las compañías.

Otra opción es crear nuevas necesidades hasta ahora inexistentes en la población, como ha ocurrido, por ejemplo, con las redes sociales, elementos que antaño no utilizábamos en absoluto. La imposibilidad de que el 100% de la población activa llegue a trabajar deja un campo abierto para los emprendedores: el del ocio. Abramos nuevos caminos que transitar. Demos a la población otras opciones, otras maneras de entretenerse y creemos, a la vez, otra manera de trabajar y de generar empleo. Innovemos.

Pero, ¿qué sucederá con ese porcentaje que nunca llegará a tener un empleo o que pasará largas temporadas de su vida profesional buscándolo infructuosamente? ¿Conseguirán los gobiernos, las multinacionales o los coaches dar una solución satisfactoria al problema? ¿Conseguirán solventar las dificultades de crecimiento económico resultantes de la falta de ingresos y el malestar personal derivado de la ausencia prolongada de actividad laboral? ¿Podría el trabajo doméstico regularizarse para convertirse en trabajo productivo y resolver parte de este conflicto generando un salario y unas condiciones contractuales para gran parte de la población desempleada con el impacto positivo en el consumo que produciría?

No está de más destacar que el trabajo doméstico (las tareas del hogar, el cuidado de niños y de otras personas dependientes) sólo se considera como trabajo y está remunerado –en muchas ocasiones sin un contrato legal- cuando se realiza para otras personas en una casa ajena. Es decir, se desvincula del trabajo que se realiza en la propia casa y para la propia familia. Sin extendernos demasiado en el tema, cabe señalar que la mayor parte de las personas que renuncian al desarrollo profesional para cuidar en exclusiva de la casa y de los hijos son las mujeres, sin recibir ningún tipo de compensación económica o beneficio social a cambio, convirtiéndose en parte de ese sector desempleado. Si este trabajo estuviese considerado como un empleo más, estaríamos más cerca de seguir considerando el trabajo como un derecho en vez de como un privilegio al que, para poder acceder, con frecuencia hay que sacrificar otros aspectos como la familia.

Si las profesiones cambian y el mercado laboral cambia, seguramente la forma de buscar empleo también cambiará. Y como siempre, las personas que mejor se adapten a dichos cambios serán las que consigan salir adelante exitosamente. Sin embargo, debemos ser conscientes de que, a partir de ahora, existirá un sector poblacional en situación de desempleo al que habrá que ofrecer otras alternativas.

La mala gestión del tiempo o cómo sobresaturarnos innecesariamente

“El empequeñecimiento, la capacidad de sufrir, la inquietud, la prisa, la confusión, crecen sin cesar; porque la actualidad de todo este impulso, la llamada “civilización”, es cada vez más fácil y el individuo enfrentado a esta maquinaria monstruosa se desalienta y somete.”

(Nietzsche).

 

Esta frase del filósofo alemán me hizo pensar, la primera vez que la leí, en el caótico ritmo desenfrenado en el que vivimos, sobre todo los urbanitas, siempre con prisas, de casa al trabajo y del trabajo a casa, pasando por infinidad de tareas y recados pendientes como la compra, el gimnasio o el colegio de los niños. Vidas tan “llenas” y ocupadas, con jornadas laborales tan inverosímiles y mal planteadas, que concertar una cita con el dentista se vuelve misión imposible que tenemos que aplazar para el sábado, y las reuniones con los amigos si eso una vez cada tres meses, media hora en el bar de la esquina, entre devolver un libro a la biblioteca y llevar el coche al taller, que tengo un hueco.

La cosa se complica cuando llegan los hijos, que al sinfín de tareas que teníamos pendientes hay que añadir pediatras, parques y guarderías, y la agenda parece que va a explotar con listados de cosas que tenemos –o queremos- hacer.

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Toulouse (Francia)

Lo irónico es que cuanto más evoluciona la sociedad y nos ofrece alternativas que parecen simplificarnos la vida (como electrodomésticos que nos permiten lavar la ropa en una hora en nuestra cocina, en vez de bajar al río en pleno invierno y pasar toda la mañana; o trenes que nos permiten desplazarnos a velocidades impensables hace veinte años) menos tiempo parecemos tener. ¿Cómo es esto posible? Si ahora puedo obtener casi cualquier información desde cualquier lugar, de manera inmediata, con un dispositivo electrónico y una conexión a Internet, ahorrándome el viaje a la biblioteca y la tediosa búsqueda entre tomos y tomos de libros, ¿cómo es que no dispongo de más tiempo libre? Pues porque lo hemos llenado con otras tareas que antes no existían. Creamos responsabilidades. Simplificamos por un lado y rellenamos por el otro, de manera que seguimos estando igual de saturados o incluso más que al principio. Hace diez años, cuando mirábamos el teléfono móvil sólo había que comprobar si teníamos una llamada o un sms. Ahora la cantidad de apps existentes es ilimitada, y el tiempo que podemos llegar a perder también. Esto, por poner un ejemplo diario.

La consecuencia más obvia de este ritmo desenfrenado en el que vivimos es la aparición del estrés, que en ocasiones se convierte en un problema crónico que, lejos de ayudarnos a solventar una dificultad puntual, termina por afectar a nuestra salud y a nuestro equilibrio psíquico. Caemos en trampas que nosotros mismos creamos, y es que, cuanto más rápido conseguimos que funcione una cosa (por ejemplo, la conexión a Internet) menos toleramos que vaya lenta o “se cuelgue” y más nos frustra y estresa que no funcione correctamente. Queremos resolverlo todo al momento, aplicamos la multitarea constantemente y, en muchas ocasiones, nos perdemos la plácida sensación de disfrutar de cada instante, olvidando que éste no se volverá a repetir jamás. Predicamos sobre el aquí y ahora, leemos consejos a toda prisa en un libro que hemos comprado por correo pero no nos paramos a ponerlos en práctica porque llevan tiempo. Y eso es algo que no tenemos y que, si tenemos, no queremos gastar.

Quizás estemos planteando mal el concepto del tiempo y el uso que hacemos de él. Quizás tenemos que reducir las tareas diarias a las que dedicamos nuestras energías, reducir nuestras metas, tener paciencia y aprender a aplazar. Esperar a conseguir un objetivo antes de pasar al siguiente en lugar de atosigarnos con tantos planes que en el afán por abarcarlos todos no disfrutamos de ninguno. Quizás tengamos que dejar de correr y empezar a pasear aunque eso implique perderse algo o no llegar a tiempo a algún sitio. Quizás tengamos que dejar de leer consejos para triunfar en los que se nos insta a levantarnos a las cinco de la mañana y acostarnos a las doce de la noche, a no parar, a no descansar, a no respirar profundamente; en los que incluso el tiempo para la relajación viene pautado y cronometrado como si de un entrenamiento militar se tratase. Quizás tengamos que olvidarnos un poco del mundo y acordarnos un poco más de nosotros; volver al origen, a la esencia. Al día a día. A lo que de verdad importa. A lo que va a quedar cuando cerremos los ojos y nos vayamos a dormir.

Pasos para conocer el mercado laboral

Como os comentaba hace unas semanas, para planificar correctamente la carrera profesional no basta con centrarnos en lo que nos gusta o lo que se nos da bien. Es necesario que investiguemos las aplicaciones que esos intereses tienen en el mercado laboral. Para ello os recomiendo seguir una serie de pasos:

  1. Lo primero es hacer un brainstorming o tormenta de ideas, es decir, poner por escrito todas aquellas salidas laborales que se nos ocurra puedan estar relacionadas con nuestra vocación. Por ejemplo: si nos encanta pintar, seguramente lo primero en lo que pensemos sea en la profesión de pintor. Pero si pensamos un poco, podemos encontrar muchas otras profesiones que giran en torno al dibujo: arquitecto, dibujante de cómics, ilustrador, diseñador gráfico, diseñador de moda, tatuador… pero que son fundamentalmente diferentes.
  1. Cuando no se te ocurran más opciones pídeles a tus familiares y amigos que añadan algunas más a tu brainstorming. Seguro que te plantean profesiones interesantes que desconocías o que estabas pasando por alto.
  1. Acude a alguna feria de empleo relacionada con el sector o los sectores de tu interés. Recuerda que el mercado laboral, como la vida, está vivo y es cambiante. Las profesiones desaparecen, se transforman y surgen otras nuevas. ¿A que hace diez años no sabíamos lo que era un community manager?

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  1. Elabora el perfil profesional de cada una de las profesiones que tengas en tu lista. Para cada una investiga cuáles son las funciones específicas, las tareas, las responsabilidades y obligaciones, así como los conocimientos y la formación previa que requiere. Investiga también cuál es la situación laboral actual: cantidad de trabajo (a nivel local, comarcal y nacional) y calidad del mismo (salario, jornada, tipo de contrato), así como las opciones de las que dispones tanto en el ámbito público como en el privado y, en caso de estar dispuesto a trabajar en el extranjero, compara esta situación con la del ámbito internacional.
  1. Una buena forma de probar antes de embarcarte definitivamente en una de las opciones, es con un periodo de prácticas o voluntariado, lo cual te permitirá conocer de primera mano el puesto de trabajo y sus características.
  1. Otra manera es entrevistarte con profesionales que trabajen en ese campo de actuación y que puedan resolver tus dudas al respecto.

Una vez que conozcas bien cómo es el sector que te interesa será mucho más sencillo decidir en qué área quieres desarrollarte exactamente y planificar el itinerario para conseguirlo. ¡Adelante!

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