Conciliación y corresponsabilidad

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española no recoge el término Conciliación, si bien nos muestra varias acepciones para el verbo Conciliar. Del latín conciliare, puede significar “hacer compatibles dos o más cosas”. Es en esta acepción donde se expresa con el ejemplo: Conciliar la vida laboral y la vida familiar.

Sin embargo, la acepción anterior no deja de resultar también muy apropiada: “poner de acuerdo a dos o más personas o cosas”, ya que para poder conciliar, a menudo es necesario el acuerdo entre los dos miembros de la pareja. Aquí es cuando hablamos de CORRESPONSABILIDAD, que la RAE define como “responsabilidad compartida”.

¿En qué se diferencian conciliación y corresponsabilidad?

Conciliación podría tener un significado más individualista, basado en las propias medidas que cada una y cada uno toma para poder mantener un adecuado equilibrio entre el tiempo dedicado al trabajo y a uno mismo. En este uno mismo entrarían todos esos factores relacionados con la vida privada (la familia, las amistades, las aficiones, el ocio y el tiempo libre, etc.), mientras que en el trabajo no sólo se engloban las horas presenciales en el puesto o el trabajo remunerado, sino todo aquello que conlleva un desarrollo profesional. Es por eso que, en vez de conciliación laboral y familiar, prefiero hablar de conciliación profesional – personal, ya que este término permite abarcar todos nuestros proyectos vitales.

La conciliación es un bien anhelado tanto por hombres como por mujeres, aunque los estudios muestran que somos nosotras las que tenemos mayores dificultades para conciliar al asumir más carga de trabajo en el hogar y en el cuidado de personas dependientes. Esto a menudo nos obliga a solicitar reducciones de jornada laborales o, directamente, a renunciar a puestos que nos interesan y/o a ascensos, sobre todo cuando implican mayor disponibilidad horaria o para viajar, estancándonos en los puestos inferiores de las organizaciones y, consecuentemente, peor pagados. Esto se conoce como techo de cristal.

Es aquí donde entra en juego el concepto de corresponsabilidad, que implica la acción de otra persona, de un colaborador, un co- algo, que se involucra para que esta conciliación sea posible. Y como los problemas de conciliación personal – profesional afectan mayoritariamente (ojo, nadie ha dicho nunca que exclusivamente) a las mujeres, el foco de la corresponsabilidad se ha puesto en los hombres, como actores facilitadores de ese cambio. Como compañeros que han de asumir la parte de las tareas del cuidado de la casa y de las personas a cargo que les corresponden (corresponsabilidad) al igual que las mujeres están asumiendo una jornada laboral fuera de sus hogares desde hace décadas. La no distribución equitativa del trabajo que se realiza en casa (ese trabajo no remunerado y no valorado socialmente) sobrecarga a la mujer, quien debe añadir estas funciones al trabajo que realiza fuera. Es la denominada doble jornada.

La Organización de Mujeres STEs-Intersindical en colaboración con el Instituto de la Mujer ha elaborado una Guía de Corresponsabilidad para trabajar en el aula que podéis consultar aquí.

En Cruz Roja Española han elaborado un vídeo que explica algunos de los conceptos tratados en este artículo y muestra cifras sobre la realidad laboral de las mujeres en el país:

En cuanto a la pregunta que se plantea en el minuto 1:54, la respuesta la podéis encontrar en la huelga de mujeres de Islandia de 1975 o, más recientemente, en nuestro 8M de este año.

Por un 2019 más justo e igualitario.

Sandra Iglesias Rodríguez

Psicóloga y orientadora profesional de formación. Escritora de vocación. Aquí encontrarás información y debate sobre todo lo que tenga que ver con el mundo del empleo y con la igualdad de género.