La Celestina: amor sin censuras

La Celestina es una obra catalogada como tragicomedia, cuya primera edición data de 1499. Su autoría se atribuye a Fernando de Rojas, aunque se cree que él se basó en un escrito anterior que correspondería con el acto primero y cuyo autor no está claro.

Clásico español, tiene como protagonista a la mujer que le da título: Celestina, una alcahueta, bruja y perfumista -de esas que la Inquisición perseguía y tachaba de herejes por sus conocimientos sobre hierbas y “hechizos”-, de alma libre y transgresora, que entre sus diversos oficios tenía además el de rehacer los virgos de las muchachas antes de las bodas.

Tal es el protagonismo de este personaje, y tal fue su fama, que la obra comenzó a conocerse por el nombre de La Celestina, pese a que el título original fue Tragicomedia de Calisto y Melibea.

¿Qué me ha llamado la atención de La Celestina?

Primero, la naturalidad con la que se tratan temas como el amor liberal y el sexo en una época profundamente católica y casta. La propia Celestina le refiere a Calisto que las mujeres, pese a corresponder al hombre que las corteja, suelen negarlo al principio, asegurando lo contrario de lo que sienten, algo que ocurre con la propia Melibea.

Sin embargo, los principales personajes femeninos de esta historia rompen por completo las normas en cuanto al decoro y a lo que se espera de una dama: mantienen relaciones sexuales sin que medie matrimonio, tienen varios amantes y se encubren, además, unas a otras para que no las descubran.

Segundo, la cantidad de personajes femeninos con gran protagonismo. Además de Celestina y Melibea, aparecen también Areusa y su prima Elicia, entre otras.

Tercero, el cuestionamiento que las mujeres se hacen de las desigualdades entre los sexos. Así, Melibea, antes de reconocerle a Celestina su amor por Calisto, se pregunta por qué a las mujeres no se les permite confesar libremente su amor como se les permite a los hombres.

Cuarto, el temor de las mujeres a ser violadas que aparece explícitamente recogido en el texto a través de unas palabras de Celestina. Aunque ella, por ser mayor, considera justamente lo contrario y dice ya no tener miedo a ser forzada en la calle.

Quinto, el mal uso del lenguaje que se emplea -y al parecer ya De Rojas percibía como mal empleado hace seis siglos- cuando se habla de amor y seducción. Concretamente, Pármeno comenta que ha conseguido “alcanzar” a su enamorada, a lo que su compañero responde burlón “¿A qué llamas haberla alcanzado? ¿Estaba a alguna ventana, o qué es eso?”

Y por último, la reflexión final de Pleberio (el padre de Melibea) sobre el amor. Una crítica a la manera de amar que hoy ya podríamos etiquetar como amor tóxico y que se podría resumir con esta frase “Haces que feo amen y hermoso les parezca.”

Conclusiones

Pese a ser una de las grandes obras de nuestra literatura, nunca la había leído hasta ahora y, la verdad, es que me ha sorprendido por todos los aspectos mencionados anteriormente. Sin embargo, antes de catalogarla como la obra feminista de su época, cabría analizar el resultado de vivir abiertamente tales pasiones. El resultado (si queréis leerla sin conocer el final, mejor dejadlo aquí) son cinco muertes y la sensación de que es mejor amar más moderadamente y no hacer tratos con alcahuetas o con sirvientes (o mejor dicho, no ser excesivamente codicioso). El hecho de que todas las personas que vivían libremente su sexualidad y su amor terminasen sufriendo algún tipo de consecuencia parece indicar una moraleja que apunta en la dirección contraria, más que animar a los lectores a la imitación de los personajes.

¿Qué opináis?

Sandra Iglesias Rodríguez

Psicóloga y orientadora profesional de formación. Escritora de vocación. Madre y feminista a tiempo completo, bloguera en mis ratos libres. Aquí encontrarás información y debate sobre todo lo que tenga que ver con el mundo del empleo y con la igualdad de género.