Blade Runner 2049

Blade Runner 2049 no estaba en mi lista de películas por ver. Primero, porque no soy nada fan de la ciencia ficción. Segundo, porque no me gustó la de 1982 que el programa de un curso de “Ciencia y Tecnología” me impuso hace ya algunos años. Sin embargo, el oscarizado Jared Leto fue motivo suficiente para plantearme darle una oportunidad a esta película, y lo cierto es que me encantó.

Pese a su duración (supera las dos horas y media) y el lento discurrir de algunas escenas, la trama está bien explicada y conectada con la primera parte, incluso si no la has visto o si, como yo, ya no la recuerdas. Si a esto le añadimos unos logrados efectos especiales, conseguimos mantenernos expectantes de principio a fin.

 

¿Hay mujeres en esta superproducción?

Sí. Tantas o incluso más que hombres. Y, lo que es más importante, representando personajes relevantes para la historia y sin encorsetar en estereotipos de género. Blade Runner 2049 resulta un soplo de aire fresco en una industria cinematográfica que tiende a olvidar que las mujeres existimos y que, además, trabajamos. Una industria que tiende a relegarnos a un segundo plano, dibujándonos como madres y amas de casa, amigas o esposas “de”, o atribuyéndonos siempre las mismas profesiones (cuando no directamente obviándonos).

Blade Runner 2049 le da a sus tres actrices principales (Ana de Armas, Sylvia Hoeks y Robin Wright) poder y capacidad de decisión. Las une y las enfrenta, por negocios o creencias -que no por hombres-, de igual modo que las une o las enfrenta a los personajes masculinos.

Sin embargo, no todo son flores en el camino. ¿Cuál es el fallo? Que todas estas actrices, y las secundarias también, cumplen con los estándares de belleza de nuestra época, por lo que tampoco podemos hablar de una representación total de las mujeres.

Conclusiones

Las mujeres trabajamos en todos los sectores (cada vez equilibrando más las cifras donde hasta ahora los hombres eran mayoría, como en las profesiones científicas) y estamos igual de capacitadas para asumir puestos de responsabilidad. Como tal debemos estar representadas en el cine y en el resto de las artes, en vez de invisibilizadas o limitadas a papeles estereotipados de antagonistas malvadas o chicas trofeo a conquistar.

¿Esto significa que no se pueden hacer películas cuyo reparto sea exclusivamente masculino? Claro que no. De hecho ya se hacen. A puñados. Significa que si la película quiere ser realista, el reparto ha de ser representativo de la sociedad, y no estar sesgado en función de una serie de prejuicios que, además, contribuyen a mantener la discriminación. Es decir, el reparto ha de ser acorde a la historia que se cuenta. Pero significa también, que puedan hacerse películas en las que intervengan solamente actrices sin que sean catalogadas como películas para mujeres.

Sandra Iglesias Rodríguez

Psicóloga y orientadora profesional de formación. Escritora de vocación. Madre y feminista a tiempo completo, bloguera en mis ratos libres. Aquí encontrarás información y debate sobre todo lo que tenga que ver con el mundo del empleo y con la igualdad de género.