El trastorno bipolar de Madame Bovary

Para los que no lo sabéis, os diré que la literatura es mi gran pasión: ese combustible que alimenta mi vena artística, que me inspira y sin el que no sabría vivir. En los libros, como en la vida, hay infinidad de ejemplos del patriarcado en el que estamos inmers@s y esta sección nace para detectarlos y compartirlos, para que deis vuestro parecer sobre las obras que estáis leyendo y también para destacar y ensalzar las historias y personajes que favorecen la igualdad de género.

En este primer artículo voy a comentaros mis impresiones sobre la gran obra de Gustave Flaubert Madame Bovary, cuya lectura me mantuvo entretenida la segunda mitad del mes de mayo.

 

¿Qué elementos sexistas encontramos en Madame Bovary?

Los que cabe esperar de la época en la que fue escrita (1856):

  • Los hombres son los sustentadores principales de su unidad familiar.
  • Acaparan las profesiones de cuello blanco: médico, farmacéutico, notario, pasante…
  • Las mujeres se dedican fundamentalmente a las labores domésticas (cuidado de la casa y de los hijos, propios o ajenos), a la hostelería o a la docencia.
  • Los matrimonios son concertados entre el padre y el pretendiente de la novia, si bien, al menos en el caso de Emma, a ésta se le permite decidir si acepta o no la proposición.

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¿Hay feminismo en alguna parte?

Sí. Aunque Emma Bovary está inmersa en las costumbres y valores de la Francia del siglo XIX, su rebeldía y ambición, sus ansias de vivir una auténtica historia de amor apasionada, la convierten en una transgresora para su tiempo, hasta el punto de que la novela llegó a ser censurada por retratar a una mujer demasiado liberal.

Sin embargo, la trama gira en torno al ideal del amor romántico al que Emma aspira debido a las novelas que lee, es decir, toda su rebeldía y disconformidad se basan en el ansia por vivir unas relaciones amorosas tan intensas que resultan destructivas, convirtiéndola en una mujer dependiente no sólo económicamente del marido, sino emocionalmente de sus amantes.

¿Es realmente Madame Bovary una obra maestra?

A mi modo de ver, sin ninguna duda. La manera en la que Flaubert retrató la naturaleza humana es precisa y sincera, cruel y sin mentiras, explorando lo mejor y lo peor de las personas.

La obra, perteneciente al Romanticismo tardío, sienta las bases del movimiento literario inmediatamente posterior: el Realismo, con elaboradas descripciones tanto de sucesos –como la angustiosa operación de la pierna de Hipólito o los devastadores efectos del arsénico en Emma- como de emociones y sentimientos, especialmente los de la protagonista.

Son precisamente estas descripciones lo que más enriquecen la historia, al ahondar en la psique de Madame Bovary de una manera tan auténtica que al lector sólo le cabe imaginar que el propio Flaubert vivió las mismas dichas y desgracias. Al menos fue lo que pensé cuando empecé a vislumbrar entre las páginas los indicios del trastorno bipolar de Emma: un estado generalizado de melancolía, de tristeza, de vacío existencial que se intenta, sin éxito, llenar con cualquier cosa; de pensamientos suicidas, llanto y enfermedad nerviosa, que se entremezclan sutilmente con ideas de grandeza, ambición, anhelos de una vida cargada de amor y lujos, episodios de intensa felicidad, de elaboración de planes poco realistas y arriesgados, de impulsividad sin límites que la lleva a contraer numerosas deudas y, finalmente, a terminar con su propia vida.

Ahora cuéntame: ¿has leído este gran clásico de la literatura francesa? ¿Cuál es tu opinión al respecto? ¿Crees que transmite una visión novedosa de la mujer de la época? Como siempre, estaré encantada de leer tu opinión en el apartado Comentarios.

 

Sandra Iglesias Rodríguez

Psicóloga y orientadora profesional de formación. Escritora de vocación. Madre y feminista a tiempo completo, bloguera en mis ratos libres. Aquí encontrarás información y debate sobre todo lo que tenga que ver con el mundo del empleo y con la igualdad de género.