El impacto del género en el empleo

Las diferencias de género se dejan ver claramente en el ámbito laboral en un tipo de segregación sexual del trabajo que implica diferencias entre hombres y mujeres a la hora de acceder al mercado del empleo y en el tipo de puestos que ocupan.

¿Qué es eso de la segregación en el trabajo?

La segregación laboral es un proceso por el cual mujeres y hombres ocupan puestos y niveles jerárquicos organizacionales distintos, es decir, se encuentran separados en el ambiente laboral.

Existen dos tipos de segregación: la horizontal y la vertical.

La segregación horizontal hace referencia a la dificultad de ciertas personas para acceder a ciertas profesiones. Es un fenómeno por el que las mujeres tienden a escoger profesiones consideradas típicamente femeninas -sobre todo aquellas relacionadas con la imagen personal, la educación o el cuidado a otras personas- a la vez que tienen dificultades para trabajar en las consideradas masculinas; mientras que en el caso de los hombres ocurre a la inversa. Así, estos encuentran barreras a la hora de acceder a puestos como auxiliar administrativo, enfermero o ser reconocidos como amos de casa.

Trabajadora

Los trabajos se consideran femeninos o masculinos según el tipo de tareas que conllevan. Todavía en la actualidad se cree que es inapropiado que las mujeres realicen algunos tipos de tareas, y por tanto de trabajos, mientras que otros se consideran adecuados. Y lo mismo ocurre con los hombres. Estas creencias sexistas se explican por la existencia de estereotipos de género que atribuyen a las personas unas habilidades, además de unos intereses y una personalidad diferentes en función de si han nacido hombre o mujer.

Así, encontramos que las mujeres trabajan sobre todo en el sector servicios (y, como comentaba antes, en puestos muy categorizados y relacionados con unas pocas tareas), mientras que apenas rozan la industria o el sector primario. En mi facultad, éramos (a ojo) el triple de mujeres que de hombres. Facultad de Psicología, profesión considerada típicamente femenina al estar relacionada con el cuidado y la atención a otras personas. En la facultad de al lado (Ingeniera Informática e Ingeniería Química) ocurría justamente lo contrario.

Por otra parte, con segregación vertical se hace referencia a las condiciones laborales más precarias que afectan a las mujeres -mayor tasa de trabajo temporal y a tiempo parcial, menor sueldo que los compañeros masculinos realizando las mismas funciones en el mismo puesto-, así como a la dificultad de incorporarse al mercado laboral o de desarrollarse profesionalmente en él, alcanzando puestos de responsabilidad y prestigio. En las grandes compañías, la presencia masculina en los puestos directivos es el doble que la femenina. En las pequeñas y medianas empresas esta diferencia entre sexos se reduce.

Albañil

Siguiendo con el ejemplo académico, en la mayoría de las Universidades de este país -y pese a que la Educación es una profesión típicamente femenina donde el profesorado está conformado mayoritariamente por mujeres- los rectores son hombres.

Esta situación de desventaja laboral para la mujer es lo que la OIT (la Organización Internacional de Trabajo) en 1997 denominó techo de cristal, aunque autores como Eagly y Carli  en 2007 (Godoy y Mladinic, 2009) propusieron el término laberinto para referirse a estas dificultades, ya que son múltiples y aparecen en diferentes momentos de las trayectorias profesionales de las mujeres. Estas diferencias en el mundo laboral contribuyen a perpetuar los estereotipos de género, dificultando el avance en materia de igualdad.

Aunque estamos asistiendo a un cambio, y vemos a diario a mujeres que acceden a puestos de dirección, el proceso se lleva a cabo de manera muy lenta. Los puestos de responsabilidad traen consigo la idea de una gran dedicación y disponibilidad, algo que “choca” con el rol de madre que todavía se atribuye a las mujeres y sólo a las mujeres, ya que de esa responsabilidad -la corresponsabilidad- nuestros compañeros masculinos todavía no se han hecho cargo en la misma medida. De ahí que muchas mujeres trabajadoras se vean “obligadas” a escoger entre ser madres o tener éxito en su carrera profesional, siendo la conciliación personal-profesional una utopía.

Además, los estereotipos atribuyen a las mujeres escasas dotes de liderazgo, algo que contrasta con los estudios de Eagly y Karau (1991; en Godoy y Mladinic, 2009) que afirman que mujeres y hombres tienen estilos directivos diferentes –ellas más democráticos y ellos más autocráticos-, siendo los democráticos más efectivos en las actuales organizaciones en las que están desapareciendo las estructuras jerárquicas tradicionales y sustituyéndose por otras más planas e interconectadas, basadas en la creación de redes (García-Retamero y López-Zafra, 2006; en Godoy y Mladinici, 2009).

Así, no es de extrañar que las mujeres avancen más lento y les cueste más llegar al mismo punto en sus carreras profesionales que a sus compañeros. Si has vivido alguna situación de discriminación laboral me encantará leerte. Está en manos de todas y todos concienciar y cambiar esta situación desigual.

Referencias bibliográficas:

Godoy, L. y Mladinic, A. (2009). Estereotipos y roles de género en la evaluación laboral y personal de hombres y mujeres en cargos de dirección. Psykhe, 18 (2).

Sandra Iglesias Rodríguez

Psicóloga y orientadora profesional de formación. Escritora de vocación. Madre y feminista a tiempo completo, bloguera en mis ratos libres. Aquí encontrarás información y debate sobre todo lo que tenga que ver con el mundo del empleo y con la igualdad de género.

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