¿Qué es la igualdad de género?

Podría definir la igualdad de género como el estado de un sistema social en el que no existen más diferencias entre hombres y mujeres que las anatómicas y fisiológicas. Es decir, un estado en el que no se construyen diferencias discriminadoras en función del sexo, donde haber nacido hombre o mujer no atribuye instantánea e inconfundiblemente unas características propias del carácter, unas habilidades, unos intereses, unas aptitudes específicas… sino que se entiende y se acepta que la personalidad humana es individual y viene determinada por diversos factores además de la genética, incluyendo el ambiente en el que madura. Un estado, por tanto, en el que se garantiza la igualdad de trato y de oportunidades a cada persona, independientemente de su sexo.

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¿Podemos decir que ya hemos alcanzado la igualdad de género?

Por supuesto que no. Aquí van varios ejemplos que lo demuestran:

  • Se sigue pensando que mujeres y hombres tenemos intereses diferentes simplemente por pertenecer a sexos diferentes. Que a las mujeres nos gustan de manera innata la moda, el maquillaje, sufrir caminando con tacones de 10 cm o depilándonos cada parte de nuestro cuerpo, las películas y la literatura románticas o las revistas del corazón. Que a los hombres les gustan los deportes, la política, las películas de acción y los coches y las motos.
  • Se sigue considerando que hombres y mujeres tenemos habilidades diferentes. Que ellos son más aptos para las tareas que implican destrezas manuales (desde montar un mueble hasta trabajar en el campo), razonamiento matemático o conocimiento de las tecnologías (de ahí que sean clara mayoría en las ingenierías), mientras que nosotras somos mejores en las actividades que tienen con ver con la imagen o que requieren atención y cuidados a otras personas (algo que encaja perfectamente con nuestro rol de madres cuidadoras) como aquellas relacionadas con la Sanidad o la Educación.
  • También se acepta, todavía hoy, que las emociones son diferentes entre hombres y mujeres. Que nosotras somos especialmente sensibles, intuitivas y emocionales (y a veces unas histéricas con las que es totalmente imposible razonar) cuando ellos son cabales y racionales, no se dejan llevar por los sentimientos y, por supuesto, nunca lloran.
  • Incluso cuestiones tan banales (y culturales) como los colores o las prendas se atribuyen a hombres o a mujeres y se les incita o se les priva de utilizar unos u otros. Este punto, que muchas personas consideran poco trascendental y que mucho se critica en foros y páginas feministas, me parece sumamente relevante porque pone de manifiesto la maleabilidad de los límites que nosotros mismos nos ponemos. Si no aceptamos que los hombres utilicen falda pero en un lugar no tan lejano como Escocia -entre otros- sí lo hacen, es obvio que no se trata de una ley universal implícita en la naturaleza, sino de una costumbre creada por el ser humano, perpetrada por la cultura que puede, por tanto, modificarse. Del mismo modo que pueden modificarse los puntos anteriores.
  • Las mujeres optamos a un menor número de puestos de trabajo y de estos, obtenemos la mayoría de los puestos temporales y a tiempo parcial. Además, cobramos un porcentaje significativamente inferior a nuestros compañeros masculinos.
  • A menudo, cuando en una pareja uno de los miembros debe renunciar al ámbito laboral por motivos familiares (por ejemplo, por el nacimiento de un hijo o enfermedad de un familiar) se asume que será la mujer quien lo hará, con el consecuente impacto que esto generará en su vida curricular, en su salario y en su cotización. Porque hay que hacer constar, que el hecho de que la mujer se haya incorporado al mundo del trabajo no ha supuesto un cambio en la distribución de las tareas del hogar y del cuidado de los hijos o en la organización socio-laboral que le permita conciliar ambas facetas de su vida. Por lo tanto, no puede decirse que con el acceso al empleo la mujer haya alcanzado la igualdad; simplemente, la desigualdad ha adoptado otras formas, a veces más sutiles, como la doble jornada, que consiste en añadir al trabajo doméstico uno nuevo: el remunerado.
  • Dentro de la pareja, la mujer asume también la mayor parte de las tareas domésticas.
  • Y además, es la principal víctima de malos tratos.

Por todos estos motivos (y muchos otros) no podemos decir que hayamos alcanzado la igualdad de género, ya que ésta no se limita al derecho al voto y al divorcio, como algunos claman. La desigualdad de género continua y continuará existiendo mientras en los procesos de socialización se enseñen a los niños –consciente o inconscientemente- diferentes roles y valores según su sexo. Mientras se les siga inculcando a los niños el rol de proveedores de la familia que deben ejercer en el ámbito público (mercado de trabajo), y a las niñas se les indique que deben ser afectuosas y permanecer en el ámbito privado o doméstico, sacrificándose a menudo por el bien familiar.

La legislación española y la europea trabajan para reducir estas desigualdades mediante campañas de sensibilización y promoción de la igualdad, así como el establecimiento de leyes y medidas equitativas (las acciones positivas). Las empresas, mediante la Responsabilidad Social de la Empresa (RSE) también pueden contribuir a disminuir las desigualdades incorporando medidas que faciliten la conciliación y asegurando la igualdad de salarios y de oportunidades en el acceso al empleo y en la promoción profesional.

Estas políticas son, si bien un primer paso necesario, todavía insuficientes, pues no eliminan esa preferencia que muchos empresarios tienen por contratar a hombres en vez de a mujeres. Tampoco pueden por sí solas terminar con los estereotipos de género. Por eso es fundamental educar en igualdad, para que las nuevas generaciones sean más libres, más ricas emocionalmente y más felices.

Y esto es, en definitiva, lo que persigue el feminismo: la igualdad de género.

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Sandra Iglesias Rodríguez

Psicóloga y orientadora profesional de formación. Escritora de vocación. Madre y feminista a tiempo completo, bloguera en mis ratos libres. Aquí encontrarás información y debate sobre todo lo que tenga que ver con el mundo del empleo y con la igualdad de género.