No te compares con tus redes sociales

Seguro que más de una vez habéis escuchado esa frase que dice que “el césped siempre está más verde en el jardín del vecino”. O lo parece. Y es que el ser humano tiende a pensar que lo del otro es mejor, y que todo lo que reluce es oro. Pero no es así, ¿a que no?

Casi no hace falta ni decir que en esta década de uso y abuso de las redes sociales todos estamos sobreexpuestos a ver -y desear- las cosas (sean materiales o experienciales) que tiene el vecino, el amigo, el colega del instituto al que hace diez años que no vemos o cualquier desconocido que aparece en nuestro muro.

Pero es que las redes sociales han dejado de ser sociales porque su objetivo principal ya no es compartir contenido con nuestros conocidos, es crear contenido para un público/posible cliente. Se han convertido en grandes, gigantescos escaparates de marcas, materiales y humanas, donde se mueven enormes cantidades de dinero. En este caldo de cultivo nació la nueva profesión del influencer, que empieza a aparecer en las respuestas de niñas, niños y adolescentes cuando les preguntan qué quieren ser de mayores.

¿Y qué tiene esto que ver con los vecinos, los jardines y que sus céspedes estén mejos cuidados? Pues que desde el momento en que plataformas como Instagram se convierten en herramientas de marketing, las imágenes que se nos muestran están pensadas para vender. Muchas veces no se corresponden con la realidad, están milimétricamente diseñadas para gustar y atraer (¡y no hablemos de los filtros!) y crean una falsa sensación de que la vida es lo que vemos en nuestras pantallas.

Compararnos constantemente con estas cuentas que nos enseñan un estado permanente de paz, orden y lujo, acaba por generarnos frustración al hacernos pensar que nosotros no somos capaces de alcanzar dicho estado, pudiendo provocar un aumento de la ansiedad. Además, puede llevarnos a incrementar nuestras compras de productos en un intento de imitación de eso que vemos, haciendo que compremos cosas que, en realidad, no necesitamos y que a la larga no habrán solucionado las emociones que el compararnos con otras personas nos genera.

Recursos Inhumanos

¿Es imprescindible que en la novela negra haya un crimen, un cadáver, un asesinato? ¿O podemos considerar que una obra pertenece al género si navega con seguridad por los problemas de la sociedad, poniendo de manifiesto lo peor de la gente, la mezquindad individual, los límites que una persona puede atravesar persiguiendo lo que considera justo?

Este es el principal interrogante que se me plantea tras leer “Recursos Inhumanos”, de Pierre Lemaitre, autor del famoso libro Vestido de novia.

La obra está estructurada en tres partes: antes, durante y después. ¿De qué? No sé si contarlo, odio el spoiler. Digamos que antes, durante y después de una entrevista de trabajo. Una importantísima entrevista de trabajo por la que el protagonista, un directivo de recursos humanos de cincuenta y siete años que lleva cuatro en paro, lleva mucho tiempo esperando. Exactamente ese tiempo: cuatro años.

La primera parte es sobrecogedora. Se centra con brutalidad en los efectos del desempleo, en cómo puede desmoralizar a una persona, en cómo afecta más a unos colectivos que a otros (en este caso, el protagonista, al rondar los 60 años, está en desventaja frente a los otros candidatos, que están en la treintena), en la soledad que genera al sentirse incomprendida/o por las personas cercanas que sí tienen trabajo, en cómo altera las relaciones con la familia, etc. El realismo de la situación es aplastante y nunca pensé que leer sobre una entrevista de trabajo pudiese resultar tan entretenido.

El durante y el después ya es otra cosa. Es acción y giros inesperados. En general, se me hizo un poco larga, creo que la trama se extendió demasiado y que el protagonista tenía una habilidad poco realista a la hora de sortear algunos de los obstáculos con los que se iba encontrando, más propia de una saga de Jason Statham que de un ejecutivo en paro.

Sin embargo, creo que el conjunto merece mucho la pena. Resulta muy entretenida, engancha y hace una crítica sobre la situación del mercado laboral actual en Europa (la historia está ambientada en París); sobre la equiparación entre tipo de empleo y éxito y sobre cómo se puede llegar a anteponer el dinero a la familia, creyendo que el primero compensará a la segunda.

Recursos Inhumanos nos hace pensar sobre lo impersonal que se han vuelto las empresas. Sobre lo reemplazables que se convierten los trabajadores y sobre lo fácilmente que se puede llegar a la exclusión social si no se consigue permanecer agarrado a la rueda del empleo. Con unos personajes realistas y contradictorios, que tan pronto son los buenos como los malos, Lemaitre nos deja pensando hasta qué punto hemos endiosado el pertenecer a una organización determinada.

¿Qué nos enseña sobre feminismo «Por 13 razones»?

Para aquellos que no conozcáis la serie: está basada en el libro del mismo título (13 reasons why, en inglés, en el original) de Jay Asher. Concretamente, la primera temporada está basada en el libro. Las tres siguientes son secuelas.

¿De qué trata Por 13 razones?

El libro y la primera temporada nos cuentan la historia de Hannah Baker, una alumna del instituto Liberty High que se ha suicidado y que ha dejado grabadas trece cintas explicando en cada una de ellas los distintos motivos que la han llevado a tomar esa decisión. Sí, duro. Cada cinta va dirigida a una persona en concreto y la intención de Hannah es que sus compañeros se las pasen hasta que todas las personas implicadas las hayan escuchado.

Hasta aquí tenemos un drama adolescente -o más bien una tragedia- con bullying y abuso sexual. El libro está bien, pero para mí la serie está mucho mejor. Es cierto que no sigue fielmente la historia original, pero ahonda en la complejidad de los personajes y de las relaciones interpersonales de una forma que el libro sólo insinúa.

Y… ¿es feminista?

Sí. Todo el libro tiene una perspectiva de género desde la que se analizan situaciones por las que cualquier chica ha pasado o puede llegar a pasar, que se reflejan muy bien en la serie: el ser etiquetada como puta y «fácil» por haber mantenido relaciones (mientras que al chico se lo alaba), el ser tocada en espacios públicos sin consentimiento, el ser acosada, el ser abusada, el ser violada. El proceso de victimización que se sufre tras una agresión cuando la declaración es puesta en duda o el culpable no es considerado como tal.

Reparto de Por 13 razones en los MTV Awards 2018. Foto de Nicole Alexander. La imagen está bajo licencia Creative Commons 3.0 y no se han realizado cambios.

La serie va aumentando en intensidad dramática con cada temporada, pasando del drama al domestic noir y finalmente al thriller psicológico, con algunos capítulos que casi llegan al terror (como el capítulo de la acampada de la temporada final). Cada vez se hace más dura y más adulta, pero también las reivindicaciones feministas por parte de los personajes son más evidentes, llegando a hablar abiertamente sobre patriarcado y cultura de la violación.

¿Merece la pena?

Sólo por todo lo anterior, creo que ya merece la pena verla, pero es que además es inclusiva y hace constante crítica al racismo y la homofobia.

Por otra parte, toca otros temas como las adicciones a sustancias, la violencia o la enfermedad mental, con un reparto más que aceptable, destacando a Kate Walsh, que interpreta a la madre de Hannah, y a Brandon Flynn.

¿Os animáis?

¿Por qué no os podéis perder Paradise Hills aunque no seáis fans de la fantasía ni de la ciencia ficción?

Lo primero que me llamó la atención cuando vi ese pequeño rectángulo en el despliegue de Netflix, fue la estética. Paradise Hills es exuberancia barroca y maximalismo. Intensos tonos pastel.

El argumento también era atractivo: joven señorita rebelde es enviada a institución para forzar un cambio de comportamiento. Sonaba a historia feminista.

Lo que terminó de convencerme fue la aparición de Awkwafina entre los créditos.

¿Qué es Paradise Hills?

Esta cinta estaba clasificada entre las películas de fantasía, aunque es difícil catalogarla. Arranca como una película de ciencia ficción y realmente es lo que parece durante mucho tiempo. Es oscura y angustiosa pese a su colorido, o quizás debido a él, y el mal se presiente a cada instante.

remote woman standing on lawn in spectacular rainforest
Photo by ib rama on Pexels.com

¿De qué trata Paradise Hills?

Pues de una institución en medio del océano para jóvenes que no se adaptan a las normas sociales. La protagonista (Emma Roberts), es enviada allí por negarse a casarse con el hombre que su familia ha escogido para ella. A partir de ahí todo es un desquiciante juego psicológico.

¿Por qué hablar de Paradise Hills en este blog?

Por su perspectiva de género, por supuesto. Por la forma en la que la historia es contada. Por las relaciones de amistad y sororidad que surgen entre mujeres que ni siquiera se conocían, pero cuya incomprensión y sometimiento familiar las iguala. Porque son mujeres que se apoyan y hacen piña ante las dificultades y es lo que las mujeres -como espectadoras- queremos ver en pantalla, sea el género que sea.

Sobra decir que las actuaciones de las actrices es notable (el reparto cuenta también con Milla Jovovich). Por cierto, su directora, Alice Waddington es española. ¿Qué más podemos pedir?

Conciliación y corresponsabilidad

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española no recoge el término Conciliación, si bien nos muestra varias acepciones para el verbo Conciliar. Del latín conciliare, puede significar “hacer compatibles dos o más cosas”. Es en esta acepción donde se expresa con el ejemplo: Conciliar la vida laboral y la vida familiar.

Sin embargo, la acepción anterior no deja de resultar también muy apropiada: “poner de acuerdo a dos o más personas o cosas”, ya que para poder conciliar, a menudo es necesario el acuerdo entre los dos miembros de la pareja. Aquí es cuando hablamos de CORRESPONSABILIDAD, que la RAE define como “responsabilidad compartida”.

¿En qué se diferencian conciliación y corresponsabilidad?

Conciliación podría tener un significado más individualista, basado en las propias medidas que cada una y cada uno toma para poder mantener un adecuado equilibrio entre el tiempo dedicado al trabajo y a uno mismo. En este uno mismo entrarían todos esos factores relacionados con la vida privada (la familia, las amistades, las aficiones, el ocio y el tiempo libre, etc.), mientras que en el trabajo no sólo se engloban las horas presenciales en el puesto o el trabajo remunerado, sino todo aquello que conlleva un desarrollo profesional. Es por eso que, en vez de conciliación laboral y familiar, prefiero hablar de conciliación profesional – personal, ya que este término permite abarcar todos nuestros proyectos vitales.

La conciliación es un bien anhelado tanto por hombres como por mujeres, aunque los estudios muestran que somos nosotras las que tenemos mayores dificultades para conciliar al asumir más carga de trabajo en el hogar y en el cuidado de personas dependientes. Esto a menudo nos obliga a solicitar reducciones de jornada laborales o, directamente, a renunciar a puestos que nos interesan y/o a ascensos, sobre todo cuando implican mayor disponibilidad horaria o para viajar, estancándonos en los puestos inferiores de las organizaciones y, consecuentemente, peor pagados. Esto se conoce como techo de cristal.

Es aquí donde entra en juego el concepto de corresponsabilidad, que implica la acción de otra persona, de un colaborador, un co- algo, que se involucra para que esta conciliación sea posible. Y como los problemas de conciliación personal – profesional afectan mayoritariamente (ojo, nadie ha dicho nunca que exclusivamente) a las mujeres, el foco de la corresponsabilidad se ha puesto en los hombres, como actores facilitadores de ese cambio. Como compañeros que han de asumir la parte de las tareas del cuidado de la casa y de las personas a cargo que les corresponden (corresponsabilidad) al igual que las mujeres están asumiendo una jornada laboral fuera de sus hogares desde hace décadas. La no distribución equitativa del trabajo que se realiza en casa (ese trabajo no remunerado y no valorado socialmente) sobrecarga a la mujer, quien debe añadir estas funciones al trabajo que realiza fuera. Es la denominada doble jornada.

La Organización de Mujeres STEs-Intersindical en colaboración con el Instituto de la Mujer ha elaborado una Guía de Corresponsabilidad para trabajar en el aula que podéis consultar aquí.

En Cruz Roja Española han elaborado un vídeo que explica algunos de los conceptos tratados en este artículo y muestra cifras sobre la realidad laboral de las mujeres en el país:

En cuanto a la pregunta que se plantea en el minuto 1:54, la respuesta la podéis encontrar en la huelga de mujeres de Islandia de 1975 o, más recientemente, en nuestro 8M de este año.

Por un 2019 más justo e igualitario.

Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago

Ensayo sobre la ceguera (en portugués, en el original, idioma en el que tuve el placer de leerla, Ensaio sobre a cegueira) es una obra de José Saramago de 1995, previa a recibir el Nobel de Literatura en 1998.

Mis errores antes de leer Ensayo sobre la ceguera

Primero: Realmente llegué a pensar que se trataba de un ensayo.

Cuando me la regalaron (ojalá todos los souvenirs fueran libros), me quedé un tanto decepcionada. Nunca había leído a Saramago -¿qué he estado haciendo hasta ahora? no lo sé- y el título no me inspiró gran cosa. El prólogo me quitó de este error, pero me generó un malestar peor cuando leí que uno de los personajes era designado como «la mujer del médico».

Segundo error: historia narrada con lenguaje sexista.

Ya estamos, pensé, categorizando a las mujeres en función de con quién se han casado. Pero no. De nuevo me confundía. Sin embargo, tendría que empezar a leer la novela para entender la historia, el anonimato de los personajes, la ausencia de nombres, por qué a esta mujer se la denomina «la mujer del médico» y sobre todo, que esta mujer sería la gran protagonista de la historia. Que ésta sería una historia sobre la decadencia humana. Una distopía que pone de relieve la peor parte de las personas y la mejor. Lo que queda cuando se ha perdido todo: la vista, la libertad, la dignidad, el respeto. Y que, además, es una historia feminista en la que continuamente se utiliza un lenguaje inclusivo (estos hombres y mujeres), algo muy poco frecuente en la no ficción, y más tratándose ¡de 1995!

¿Qué más encontramos en esta novela?

Estructurada en párrafos muy largos y sin guiones (los diálogos se separan con comas), la historia sobre esta epidemia de ceguera por contagio es sumamente angustiosa y desesperada. Engancha del principio al final y, especialmente, se agradece que la figura que sobresale de entre todos los personajes, la guía, la líder, sea una mujer.

No es que Saramago la dote de una inteligencia o una fuerza o unas cualidades especiales. Es una mujer normal que, sin saber por qué, no se queda ciega como el resto de la población, lo que la forzará a asumir ciertos roles y tomar ciertas decisiones. Lo mágico de esta historia es, precisamente, que la protagonista no es una superheroína, sino una mujer que podría representar a cualquier mujer. Saramago ha puesto palabras por escrito a las acciones de millones de mujeres del mundo. Leyendo esta obra tomas conciencia de que la cuestión no es que las mujeres no hagan grandes cosas, sino que no se tiende a escribir sobre las cosas que hacen, o, si se escribe, se suele clasificar como «literatura para mujeres».

Para terminar, sólo puedo deciros que esta novela ha sido una de las mejores que he leído jamás. Dura y cruel, pero necesaria, que no puedo sino recomendarla. Y también que hay algo así como una segunda parte que todavía no he leído, titulada Ensayo sobre la lucidez, y una película protagonizada por Julianne Moore, de quien soy muy fan, titulada Blindness (A ciegas), de la que os dejo el trailer:

Feminismo en el último clip de Loboda

Hace 10 días que el último videoclip de Svetlana Loboda, SuperSTAR, salió a la luz. Desde entonces, la cantante ha acumulado más de ocho millones de visitas, incluyendo 34.000 pulgares hacia abajo; 10.000 más de los que tiene el avance del vídeo lanzado dos meses antes, donde se la puede ver, en la última etapa de su embarazo, realizando una coreografía junto a un grupo de bailarinas en igual estado de avanzada gestación.

Y es que ha causado un revuelo que no ha gustado a todos. Pero si ya el avance de la canción era atrevido, el final ha sido lo más feminista que he visto en videoclips ucranianos en los últimos años. Dirigido, como viene siendo habitual, por Natella Krapivina, muestra sin tapujos temas controvertidos como la homosexualidad -tanto entre mujeres como entre hombres-, la masturbación femenina, el acoso o el suicidio.

El vídeo fue catalogado para mayores de 18 años. Juzgad vosotr@s mism@s:

[Editado: actualmente el vídeo sólo puede verse en Youtube demostrando la mayoría de edad accediendo mediante una cuenta privada].

La propuesta feminista de Eurovisión 2018

El año pasado, un par de meses antes del Festival de Eurovisión, hacía un pequeño análisis sobre el amor romántico que solía estar presente en las canciones ganadoras y la ausencia de letras feministas que abogasen por la igualdad de género, desterrasen de nuestros sueños el ideal de relaciones obsesivas y celosas y abriesen miras a formas de amar saludables para todas las partes. Para leer el artículo, pincha aquí.

Por eso, cuál ha sido mi sorpresa cuando hace algunas semanas descubrí la propuesta israelí de Netta «Toy«, que habla de la importancia de ser una misma al margen de las modas, sobre la belleza interior, la fortaleza y el rechazo a los hombres estúpidos; mensaje en la línea de «Lo malo» de Aitana y Ana Guerra, propuesta española que se quedó a las puertas de representarnos este año en favor de «Tu canción» de Amaia y Alfred.

Además, lejos de colocarse como una canción alternativa, «Toy» está considerada como la favorita para ganar el festival por las casas de apuestas.

Os dejo el enlace al videoclip para aquell@s que todavía no la habéis escuchado:

La Celestina: amor sin censuras

La Celestina es una obra catalogada como tragicomedia, cuya primera edición data de 1499. Su autoría se atribuye a Fernando de Rojas, aunque se cree que él se basó en un escrito anterior que correspondería con el acto primero y cuyo autor no está claro.

Clásico español, tiene como protagonista a la mujer que le da título: Celestina, una alcahueta, bruja y perfumista -de esas que la Inquisición perseguía y tachaba de herejes por sus conocimientos sobre hierbas y «hechizos»-, de alma libre y transgresora, que entre sus diversos oficios tenía además el de rehacer los virgos de las muchachas antes de las bodas.

Tal es el protagonismo de este personaje, y tal fue su fama, que la obra comenzó a conocerse por el nombre de La Celestina, pese a que el título original fue Tragicomedia de Calisto y Melibea.

¿Qué me ha llamado la atención de La Celestina?

Primero, la naturalidad con la que se tratan temas como el amor liberal y el sexo en una época profundamente católica y casta. La propia Celestina le refiere a Calisto que las mujeres, pese a corresponder al hombre que las corteja, suelen negarlo al principio, asegurando lo contrario de lo que sienten, algo que ocurre con la propia Melibea.

Sin embargo, los principales personajes femeninos de esta historia rompen por completo las normas en cuanto al decoro y a lo que se espera de una dama: mantienen relaciones sexuales sin que medie matrimonio, tienen varios amantes y se encubren, además, unas a otras para que no las descubran.

 

Segundo, la cantidad de personajes femeninos con gran protagonismo. Además de Celestina y Melibea, aparecen también Areusa y su prima Elicia, entre otras.

Tercero, el cuestionamiento que las mujeres se hacen de las desigualdades entre los sexos. Así, Melibea, antes de reconocerle a Celestina su amor por Calisto, se pregunta por qué a las mujeres no se les permite confesar libremente su amor como se les permite a los hombres.

Cuarto, el temor de las mujeres a ser violadas que aparece explícitamente recogido en el texto a través de unas palabras de Celestina. Aunque ella, por ser mayor, considera justamente lo contrario y dice ya no tener miedo a ser forzada en la calle.

Quinto, el mal uso del lenguaje que se emplea -y al parecer ya De Rojas percibía como mal empleado hace seis siglos- cuando se habla de amor y seducción. Concretamente, Pármeno comenta que ha conseguido «alcanzar» a su enamorada, a lo que su compañero responde burlón «¿A qué llamas haberla alcanzado? ¿Estaba a alguna ventana, o qué es eso?»

Y por último, la reflexión final de Pleberio (el padre de Melibea) sobre el amor. Una crítica a la manera de amar que hoy ya podríamos etiquetar como amor tóxico y que se podría resumir con esta frase «Haces que feo amen y hermoso les parezca.»

Conclusiones

Pese a ser una de las grandes obras de nuestra literatura, nunca la había leído hasta ahora y, la verdad, es que me ha sorprendido por todos los aspectos mencionados anteriormente. Sin embargo, antes de catalogarla como la obra feminista de su época, cabría analizar el resultado de vivir abiertamente tales pasiones. El resultado (si queréis leerla sin conocer el final, mejor dejadlo aquí) son cinco muertes y la sensación de que es mejor amar más moderadamente y no hacer tratos con alcahuetas o con sirvientes (o mejor dicho, no ser excesivamente codicioso). El hecho de que todas las personas que vivían libremente su sexualidad y su amor terminasen sufriendo algún tipo de consecuencia parece indicar una moraleja que apunta en la dirección contraria, más que animar a los lectores a la imitación de los personajes.

 

¿Qué opináis?

La Odisea de las mujeres

La Odisea es uno de los libros más antiguos de la cultura occidental que se conservan. Clásico de los clásicos, esta obra datada del S.VIII a.C. y atribuida al aeda Homero, es una epopeya compuesta por veinticuatro cantos en los que se narran las aventuras -o más bien desdichas- de Odiseo (Ulises en la versión latina) en su vuelta a casa tras la guerra de Troya.

Si habéis leído la Ilíada, la otra gran obra de Homero que comparte con la Odisea el privilegio de ser una de las primeras muestras de nuestra literatura, habréis notado que falta la famosa historia del caballo de madera. Esa historia la encontraréis aquí, junto con otras muchas leyendas que, los que hayáis estudiado griego o cultura clásica en el instituto, reconoceréis.

Tanto la Ilíada como la Odisea son historias de hombres pero, sobre todo en la segunda, no faltan personajes femeninos. Ahora bien… ¿cuál es su papel?

MUJERES EN LA ODISEA 

Hay dos tipos de mujeres en esta historia épica: las mortales y las diosas u otros seres mitológicos.

Las primeras a menudo son hijas o esposas de personajes masculinos de mayor relevancia (cuya presencia se justifica para ayudar a Ulises en su propósito, como podría ser el caso de Nausícaa) o bien mero botín de guerra. En este punto es tal la diferencia entre sexos que durante las guerras los soldados se repartían a las mujeres como una parte más del botín, convirtiéndolas en sus esclavas (incluyendo la esclavitud sexual), sin embargo, se esperaba que a su vuelta a casa sus mujeres les hubieran permanecido fieles.

Esta misoginia se refleja perfectamente a través de las palabras de Agamenón en el canto XI:

El espíritu de este rey, que había muerto asesinado a manos de su esposa y el amante de esta, le dice a Ulises «Nada hay más cruel ni más impío que una mujer que ha podido meditar tales crímenes.» A lo que añade que encontró su muerte cuando, a la vuelta, esperaba ser acogido por su mujer y sus hijos y que este acto de Clitemnestra cubrirá de infamia a todas las mujeres que han de venir.

Telémaco también hace notoria esta diferencia cuando ordena a su madre que se retire a su aposento y se ocupe de sus labores (la tela y el huso), mientras él, que manda en la casa, y los demás hombres se ocupan del resto.

Las mujeres diosas tienen un papel más destacado y con frecuencia son descritas como pérfidas hechiceras (Circe, Calipso), embaucadoras (las Sirenas) o monstruos (Escila y Caribdis). Sin embargo, o precisamente por esto, son estos personajes los que tienen mayor autonomía y poder de decisión sobre sus vidas y las de aquellos que las rodean -cabe destacar que casi siempre viven solas en palacios que gobiernan-, las que son capaces de enfrentarse a los hombres con tal de conseguir sus propósitos (aunque estos no sean lícitos o estén envueltos en una nube de romanticismo) o de retar incluso a los otros dioses, como en el caso de Palas Atenea. Si bien, es en boca de esta diosa misma, donde se ponen estas palabras sobre las mujeres “Demasiado sabes cómo es el alma femenina; quiere siempre enriquecer la casa del que la hace su esposa. No se acuerda más de sus primeros hijos, ni de su marido muerto, ni piensa en ellos jamás” al instar a Telémaco a que vuelva pronto a su casa y evite que su madre le arruine al entregar sus riquezas a un nuevo marido porque, demasiado bien se sabe, las mujeres pierden la cabeza al casarse por segunda vez.

Se cree que esta obra retrata la realidad de la mujer en aquella sociedad en aquella época, aunque lo cierto es que retrata la realidad de las mujeres en muchas sociedades pasadas (y no tanto). Realidades que las oprimían y las aislaban en sus casas. Sociedades donde no existía ningún tipo de autonomía, siendo dependientes de un hombre. Sociedades en las que no eran consideradas ciudadanas y se les negaban los derechos de los que disponían los hombres. Sociedades que, asombrosamente, se asemejan bastante a las de ahora.

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